Pablo comienza una comparación entre el antiguo pacto y el nuevo. El antiguo pacto fue el de la letra escrita, un ministerio de muerte; el nuevo es el del Espíritu Santo, un ministerio de vida. Aquellos que siguen el antiguo pacto todavía tienen un velo sobre sus corazones el cual les es quitado solamente en Cristo. El Espíritu Santo ministra el nuevo pacto, dando nueva vida y libertad a aquellos que creen.
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