Levántate y anda fueron las palabras poderosas que Jesús pronunciara a un hombre paralítico que año tras año esperaba que las aguas del estanque de Siloé, en Jerusalén, fueran movidas por un ángel favoreciendo la sanidad al que primero entraba en él; la realidad de este hombre paralítico le hacía imposible llegar primero que otros tantos enfermos que estaban esperando lo mismo. Un día sábado Jesús fue a visitar ese lugar, y conociendo que este hombre había estado por muchos años allí esperando su sanidad le hace esta pregunta: ¿Quieres ser sano? A lo que el hombre responde señalando su deseo pero también sus imposibilidades para lograrlo. Jesús obviando todas las razones del hombre le ordena diciendo “levántate y anda.” Tal vez usted necesita escuchar esta palabra hoy. Nuestras imposibilidades son oportunidades para Dios, para demostrar su poder, compasión y gracia sobre nosotros.
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