Por tres semanas hemos hablado de la mujer en la sinagoga que Jesús sanó en el día de reposo. Cuando Él la vio, le habló, la llamó y le dijo: “Mujer eres libre de tu enfermedad.” Ella estaba atada, amarrada, encerrada en su enfermedad, desde su nacimiento era cautiva de Satanás, con un espíritu de enfermedad. Pero Dios vio sus lágrimas, su pena y dolor, Jesús dio la palabra y la liberó completamente.
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