En las tormentas de la vida podemos experimentar el dulce refugio de nuestro Señor y Salvador. Podemos aprender a gozarnos de la Presencia de Dios. En Su Presencia hay plenitud de gozo para sus hijos. Jesús dijo estas Palabras a sus discípulos en una tormenta ¡Tened animo; Yo soy no temáis! Él no siempre calma la tormenta inmediatamente, pero si calma a sus hijos por medio de Su Presencia.
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