Desde los principios Dios ha mostrado su interés por el ser humano, y en ese interés nos ha estado invitando a buscar en él la satisfacción de todas nuestras necesidades. Esta invitación tiene un propósito: establecer una íntima relación con el hombre. Dios nos ama, y por esa razón nos busca, nos invita a venir a él y nos ofrece su favor no merecido.