¿Quién es mi prójimo? Posiblemente es una pregunta que debiéramos hacernos a diario. Es más fácil decir amar a Dios, en lo abstracto, que ponerle sustancia a nuestra fe. Dios nos muestra en el resumen de la ley que no podemos amar a Dios genuinamente sin amar a nuestro semejante. Con esto podemos concluir diciendo que mi amor a Dios debe incluir a mi prójimo, porque haciendo eso viviremos.