Es muy común que atribuyamos nuestras falencias a circunstancias que pasamos y no las consideremos como efectos del pecado. Ciertamente, hablar de pecado en el contexto espiritual, no es común, más bien el término es usado con una connotación de placer, aun cuando todos entendemos la seriedad del mismo, desde una mentira a una acción cruel y despiadada. El único antídoto para este mal es Jesucristo quien vino a llevar sobre sí el pecado de todos nosotros, si creemos en él y lo aceptamos él nos hará libres.