Avivar el fuego es una advertencia a cuidarlo del peligro de la extinción. El fuego, el entusiasmo, la chispa se apagan por descuido o equivocadamente tener la idea que siempre van ha estar allí. Una amistad se enfría cuando no la cultivamos; el entusiasmo se enfría cuando dejamos de motivarnos y perdemos la visión de un proyecto; la fe se enfría cuando dejamos de soñar en las promesas de Dios y nos enfocamos en las cosas tangibles.