Junio 9, 2010

2 Corintios 6.11-13 

Las redes sociales son algo importante. Herramientas como Facebook, el correo electrónico y los mensajes de texto, revelan nuestro anhelo de conectarnos unos con otros. Sin embargo, muchas personas siguen sintiéndose solas. La caída de Adán y Eva usualmente trae a la mente la ruptura que creó el pecado entre Dios y la humanidad, y que afectó todas las relaciones humanas a partir de entonces. El resultado ha sido que el temor y el orgullo nos amenazan con mantenernos sometidos al aislamiento y a la autoprotección.

Es sorprendente que muchos hogares, trabajo e iglesias sean sólo reuniones de extraños. Incluso los esposos puedan vivir bajo el mismo techo y no conocerse entre sí. Saber muchos datos sobre las personas con quienes vivimos y trabajamos, no es lo mismo que conocerlas realmente. Hasta cierto punto, el que otros nos conozcan es responsabilidad nuestra. Y para ello, debemos arriesgarnos a abrirnos y dar entrada a los demás.

Pablo rogó a los creyentes de Corinto que se abrieran a él, así como el había hecho con ellos. Su relación con él y su eficacia como iglesia se veían obstaculizadas por los muros que habían levantado. Son precisamente los creyentes quienes están llamados a vivir de una manera abierta y transparente entre sí. No podemos cerrarnos a las personas, y esperar tener una relación abierta con Dios.

Los muros relacionales pueden ser difíciles de reconocer. El rencor, los complejos y el temor al rechazo, son razones frecuentes para levantar barreras de autoprotección. Pídale a Dios que le ayude a identificar cualquier cosa que le esté distanciando de otros. Él le ayudará a derribar todos los obstáculos en su relación con Él y con los demás. Los muros relacionales pueden ser difíciles de reconocer. El rencor, los complejos y el temor al rechazo, son razones frecuentes para levantar barreras de autoprotección.

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