Junio 4, 2010

Efesios 2.10 

En mi niñez experimenté algunos sentimientos de inferioridad. Por las limitaciones económicas, mamá y yo no vivíamos en el lugar "perfecto", y yo no usaba la ropa "perfecta". Incluso en la escuela, sentía que no estaba a la altura académica de los otros niños. Para mí era terrible la sensación de fracaso y vergüenza de no ser lo suficientemente bueno.

La desdicha de la inferioridad no es lo que Dios quiere para sus hijos. Como una semilla usualmente echa raíces en el corazón impresionable de los jóvenes, y florece en una atmósfera de comparación. Este tipo de bagaje emocional puede tener consecuencias destructivas y producir esclavitud en todas las áreas de la vida. Los sentimientos de insuficiencia pueden hacer que evitemos los retos saludables; la baja autoestima incapacita para las relaciones personales; y la comparación nos roba el gozo.

Tenemos que entender cómo nos ve Dios, para que cuando vengan los sentimientos de inferioridad podamos aferrarnos a su perfecta evaluación, y no a la nuestra. Él dice que somos hechura suya, su obra maestra. Cada persona es especial, y ha sido diseñada por el Creador para el propósito que Él tiene. Las diferencias que nos llevan a hacer comparaciones y sentirnos desanimados, son las cualidades que el Señor "programó" en nosotros para que le glorifiquemos con ellas.

Los sentimientos de inferioridad son un obstáculo que nos impide llegar a ser las personas que Él ha querido que seamos, y que logremos su propósito en nuestra vida. Cuando se trata del valor que tenemos, podemos aceptar la verdad de su valoración, o decidir no creerle y confiar más bien en nuestros sentimientos. ¿Cuál será su decisión? Los sentimientos de inferioridad son un obstáculo que nos impide llegar a ser las personas que Él ha querido que seamos, y que logremos su propósito en nuestra vida.

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