Septiembre 30, 2010

1 Tesalonicenses 5.18 

Si usted no está ahora pasando por un momento difícil, probablemente lo estará pronto. Jesús dijo que tendremos muchas aflicciones en esta vida (Jn 6.33). Pero, por más desagradables que sean las pruebas, hay muchas razones para dar gracias.

Ayer vimos que los creyentes pueden contar con tres ayudas en los problemas: la presencia de Dios, una vía de salida, y el potencial para crecer. hoy veremos dos más.

Protección. Dios no necesariamente evita que los creyentes experimenten sufrimiento o desilusiones. Detener las tormentas puede ser nuestro objetivo, pero desde la perspectiva de Dios, la adversidad puede ser necesaria para que maduremos espiritualmente. Sin embargo, el Padre celestial nos da su protección permaneciendo con nosotros en la lucha. Después de recibir a Jesús como nuestro salvador, tenemos la promesa de que Dios mora en nosotros, y de que nunca nos dejará. Es más, tenemos la seguridad de que nada podrá separarnos de su amor (ro 8.38, 39). Así pues, nuestro Dios siempre camina con nosotros en medio de las dificultades, dándonos su orientación y su verdad en la situación.

Paz. Aunque las dificultades causan ansiedad, los creyentes tienen la paz de Dios. Esta serenidad interior no depende de que mejoren las circunstancias. Es, más bien, el resultado de nuestra relación con Él. Nuestro principal enfoque no debe ser la solución del problema, sino nuestra dependencia de Dios.

Cuando conocemos la ayuda de Dios en las pruebas, podemos expresar gratitud. Hacerlo nos permitirá fijar nuestros ojos en Él, no en nuestra circunstancia. muchas veces no sabemos cuál es el propósito de cada prueba, pero sí sabemos que nuestro Señor es misericordioso y digno de confianza. Cuando conocemos la ayuda de Dios en las pruebas, podemos expresar gratitud. 

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