Septiembre 27, 2010

Salmo 23 

Donde hay montañas, también tiene que haber valles; es una simple realidad. Lo mismo ocurre en nuestra vida espiritual. Para llegar al lugar donde Dios nos está dirigiendo, a veces tenemos que atravesar "el valle de sombra de muerte" (sal 23.4). Las cumbres espirituales son lugares maravillosos para descansar por algún tiempo. En esos momentos nos sentimos cerca de Dios y seguros de su amor. Pero llegamos a esos lugares altos después de atravesar con mucho trabajo el valle, donde descubrimos su carácter, la verdad de sus promesas, y nuestra propia debilidad. Hay aspectos del Señor que solo vemos a medida que viajamos a través de la sombra.

Dios es un pastor celoso; el Señor quiere que sus seguidores confíen plenamente en Él. Nos hace pasar por valles para eliminar toda práctica o manera de pensar que usamos en vez de confiar en Él. En los lugares bajos todo eso parece de repente inadecuado. Allí descubrimos si nuestra fe, valentía y sabiduría, proceden de nosotros, o vienen del Señor.

Aun cuando andar en los valles es parte inevitable de la vida, los creyentes no son abandonados sin consuelo. El versículo 5 habla de necesidades satisfechas, entre ellas el deseo de ser aliviados. Aquí tenemos la imagen de un tierno pastor frotando aceite sobre la piel rasgada de un animal. Dios promete certidumbre, sanidad y seguridad en la adversidad.

Los creyentes pueden gritar: "confío en Dios" en la montaña, porque han aprendido a vivir por fe en el valle. Andar en la sombra del mal es algo difícil y aterrador. Pero cuando nos rendimos a todo lo que el Señor quiere enseñarnos en este oscuro lugar, nuestro espíritu se tranquiliza y nuestra fe se fortalece. Los creyentes pueden gritar: "confío en Dios" en la montaña, porque han aprendido a vivir por fe en el valle. 

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