Noviembre 27-28, 2010

Gálatas 1.11-17 

Tras su conversión, Pablo se fue al desierto por tres años; durante ese tiempo el Espíritu Santo lo instruyó en los caminos del Señor. Y de allí salió preparado para comunicar la verdad de Dios.

El Señor habla a los creyentes para que puedan comprender la verdad, ajustarse a ella, y comunicarla. Estos mismos pasos son el mapa de ruta del discipulado. Lo que pasó durante los años que Pablo en el desierto, fue solo el comienzo de un proceso de toda la vida; Dios renovó su mente y lo transformó a la imagen de Cristo. Para el apóstol, ese cambio comenzó al conectar su abundante conocimiento de las Sagradas Escrituras con la revelación de que Jesucristo era el Hijo de Dios.

Pablo conocía a fondo la Palabra, pero la verdad de que Jesús era el Mesías prometido le hizo reconsiderar el fundamento en el que había estado confiando. Todo lo que sabía acerca de Dios tenía que ser reevaluado a la luz de esta nueva información. Pablo había vivido tratando de agradar a Dios, por lo que el Espíritu Santo vio en él, sin duda, a un alumno dispuesto.

El alma del apóstol tenía que ser moldeada de acuerdo con la voluntad del Padre. Y el Señor siguió trabajando en Pablo mucho después de que él dejara el desierto y comenzara su ministerio. Toda persona que lee sus epístolas, es testigo de la obra de Dios en un hombre rendido a él.

Los planes del Señor en cuanto al discipulado parece ser los mismos para cada creyente. Al igual que Pablo, usted es un alumno del Espíritu Santo, y el conocimiento que obtenga de la Palabra debe cambiar su vida. Sea también como el apóstol de esta manera: conviértase en un hacedor de discípulos compartiendo con los demás lo que ha aprendido. Al igual que Pablo, usted es un alumno del Espíritu Santo, y el conocimiento que obtenga de la Palabra debe cambiar su vida.

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