Mayo 26, 2010

Salmo 25.15-22 

Conozco el dolor de la soledad. Fui hijo único de una madre sola que tenía que trabajar muchas horas cada día para poder mantenernos. Mi vida adulta ha estado marcada por períodos de aislamiento emocional. Pero Dios nunca me ha abandonado a esos sentimientos.

El Señor quiere que todos nos relacionemos con Él, y unos con otros. En verdad, podemos ser confortados cuando respondemos acertadamente a la soledad.

El primer paso es comenzar una relación personal con Jesucristo. Creer que Él existe no es suficiente. El Señor creó a la humanidad para el compañerismo, lo que explica que una relación con Él nos dé una sensación de unidad. El amor de Cristo expulsa la soledad de la vida de los hijos de Dios.

En segundo lugar, debemos reconocer que nos sentimos solos. Algunos cristianos piensan erróneamente que no debieran ser susceptibles a sentimientos humanos normales. Pero nada en la Biblia dice que no experimentaremos el aislamiento emocional. No sólo hombres como David y Pablo, sino incluso el mismo Señor Jesús, conocieron el dolor de sentirse abandonados (Sal 25.16, 2 Ti 4.16; Mt 26.40, 27.46).

Por último, debemos tener amigos espirituales. Estos son los hermanos y las hermanas en Cristo que reirán, llorarán y se identificarán con nosotros. Y por encima de todo, los creyentes necesitan tener amigos que siempre les señalen a Dios y oren por ellos.

No podemos negar los sentimientos de soledad, ni podemos huir de ellos. La persona que busque maneras de escapar a esos sentimientos, sólo hará más grande la brecha entre el Señor y ella misma. Sólo hay una forma de eliminar el abismo y vencer la soledad: acercarse al Señor. No podemos negar los sentimientos de soledad, ni podemos huir de ellos. La persona que busque maneras de escapar a esos sentimientos, sólo hará más grande la brecha entre el Señor y ella misma.

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