Julio 26, 2010

Efesios 4.30-32 

Habla de dos "disposieciones" diferentes que se encuentran dentro de cada creyente: la actitud del yo —también conocido como "la carne"—, y la justicia de una nueva naturaleza en Cristo. Las características de estas inclinaciones opuestas están retratadas dramáticamente en los versículos de hoy.

La superioridad del perdón, o la falta del mismo, determinarán en gran medida qué tendencia manda en nuestra vida. El resultado inevitable de un espíritu no perdonador es la ira, el rencor y la animadversión. Al negarnos a perdonar, dejamos que la naturaleza pecaminosa domine y produzca su fruto venenoso.

Cada área de nuestra vida se ve afectada cuando nos negamos a dar a otros el perdón que Cristo nos dio con tanta generosidad; en esencia, estamos tratando a quienes nos rodean como no quisiéramos jamás que el Señor nos tratara a nosotros. Su misericordia para con nosotros no tiene límites. Aunque el dolor y la injusticia de un agravio pueden rompernos el corazón o dañar nuestra autoestima, la negativa a perdonar le niega a Dios la oportunidad de sanar la herida.

Queremos que él cambie al ofensor, pero el Señor quiere transformarnos. un espíritu de perdón nos libera para vivir en nuestra nueva naturaleza como la de Cristo, y nos permite ver a los demás con ojos de gracia y misericordia. Lea nuevamente los vv. 31 y 32. Como creyentes, todos anhelamos mostrar las cualidades de nuestra nueva naturaleza, pero el Señor puede producirlas si estamos dispuestos a sustituir los agravios y los resentimientos por un corazón noble y perdonador. algo tiene que cambiar —deje que sea usted. Como creyentes, todos anhelamos mostrar las cualidades de nuestra nueva naturaleza.

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