Agosto 26, 2010

1 John 1:5-7 

La primera epístola de Juan no es sobre la salvación, aunque habla de la necesidad de confesar el pecado. Esta carta está escrita a personas que ya tienen una relación con Dios, pero que necesitan recordar cómo permanecer en comunión constante con Él.

El Padre celestial quiere que los creyentes disfruten de su presencia, pero para eso deben primero ocuparse de su pecado. Aunque los cristianos hemos sido hechos nuevos en Cristo (2 Co 5.17), no somos perfectos, y por tanto pecamos. somos seres humanos con un cuerpo físico que conserva todas sus necesidades naturales de comida, sexo, descanso y placer.

Cuando estos deseos están bajo el control del Espíritu santo, tenemos vidas gozosas que honran a Dios. Pero si cedemos a la tentación de apaciguar la carne, invitamos a las tinieblas a introducirse en nuestras vidas (1 Jn 1.6). Es importante entender que "andar en tinieblas" no significa que un creyente puede perder su salvación —quienes han recibido a Jesucristo como salvador, jamás podrán ser separados de la luz de su amor. Pero podemos decidir vivir fuera de la voluntad de Dios, y desviarnos a una senda oscura de pecado por un tiempo.

Puesto que las tinieblas y la luz no pueden coexistir, hacerlo llenará nuestro espíritu de tensión. Confesar a Dios nuestros pecados ahuyenta la oscuridad y devuelve la paz. El creyente en comunión adecuada con Dios irradia paz y contentamiento.

Debemos deleitarnos en el señor (sal 37.4) pasando tiempo en su presencia, pensando en cómo agradarlo, y compartiendo con quienes nos rodean. Confesar nuestro pecado mantiene fuerte nuestra comunión con el señor, y lo glorifica. Confesar nuestro pecado mantiene fuerte nuestra comunión con el señor, y lo glorifica. 

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