Noviembre 16, 2010

Efesios 5.15-17 

Para hacernos servidores útiles en su reino, Dios desea destruir nuestra terquedad, nuestra vena independiente que pone al "yo" primero. Él no quiere destruirnos; solamente quiere transformar lo que nos impide ser un reflejo de Jesucristo.

Nuestro Padre celestial ve lo que somos realmente, y por eso apunta a las áreas de nuestra vida que estorban el crecimiento cristiano. Las actitudes de orgullo, envidia, ira y falta de perdón deben ser enfrentadas para que el amor y la verdad de Dios fluyan a los demás por medio de nosotros (Ef 4.31, 32). Para generar el cambio, Él nos disciplinará severamente y mantendrá la presión hasta que respondamos. El Señor desea lo bueno para nosotros, y hará lo necesario para producir una transformación en nuestros pensamientos, actitudes, acciones y prioridades.

Recuerdo cuando nuestro personal de la iglesia era pequeño en número. Teníamos que producir dos programas de televisión en vivo, aparte de las otras responsabilidades, por lo que trabajábamos muy duro. Con el tiempo, el gran cansancio me obligó a dejar mis actividades por tres meses. Me preguntaba qué pasaría en la congregación durante mi ausencia. El resultado fue que la iglesia creció en asistencia, ofrendas y servicio, sin mí. El Señor sabía que el orgullo por mi posición pastoral sería un estorbo para el servicio en el futuro. Entonces tomó medidas para cambiarme.

Por medio de este tiempo de quebrantamiento, el Señor me enseñó una gran lección. La entrega y la obediencia a Dios son las que hacen valioso mi servicio para Él. ¿Ha estado usted cooperando con la obra del Señor en su vida? La transformación se llevará a cabo cuando se rinda al Padre y actúe de común acuerdo con su Espíritu. ¿Ha estado usted cooperando con la obra del Señor en su vida? La transformación se llevará a cabo cuando se rinda al Padre y actúe de común acuerdo con su Espíritu. 

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