Octubre 16-17, 2010

Hebreos 4.13-16 

¿Cuántas veces ha quedado usted atrapado en un "ciclo de culpabilidad"? éste consiste en confesar siempre el mismo pecado, diciéndole a Dios que lo lamenta, y prometiendo que no lo cometerá otra vez, pero con la sospecha de que probablemente volverá a hacerlo; luego cae en lo mismo otra vez. Lo ha confesado decenas de veces, pero aún no tiene la victoria. Pero hay una promesa bíblica que dice: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad" (1 Jn 1.9, cursivas añadidas).

Dios mantiene firme esa promesa, son las personas quienes fallan. Hemos convertido la confesión en una repetición mecánica de nuestros defectos. La actitud es: Estoy decepcionado de mí mismo, pero soy débily Dios lo sabe. La verdadera confesión significa coincidir con el Señor en que lo que él llama pecado es pecado, y ello está inseparablemente conectado con el arrepentimiento; son dos caras de la misma moneda. Arrepentirse es dar la espalda al mal. Al mirar nuestro pecado desde la perspectiva de Dios, veremos sus terribles consecuencias, ¡y desearemos huir del mismo tan rápido como sea posible!

En términos prácticos, confesar y arrepentirse exige la decisión deliberada de decir: "Por el poder del Espíritu Santo, le doy la espalda a mi pecado". Satanás todavía le tentará, y el fracaso sigue siendo una posibilidad. Pero Dios puede romper las cadenas de su pecado, y hacerle libre.

La victoria puede ser inmediata, o en algunos casos, la tentación que tiene que ver con un pecado habitual no desaparece nunca. Entonces, se hace necesario enfrentar cada día con la fortaleza de Dios. Si usted abandona el pecado, el poder del cielo está allí para ayudarle. Si usted abandona el pecado, el poder del cielo está allí para ayudarle. 

www.encontacto.org  - www.encontacto.org/meditaciondiaria  -  www.encontacto.org/archivodevocional