Julio 14, 2010

Juan 3:16-18 

Cada uno de nosotros enfrenta al mismo dilema. Tenemos una deuda de pecado con dios, pero no tenemos la manera de pagarla. Ninguna de nuestras soluciones —tener buena moral, ser religiosos o hacer buenas obras—puede resolver nuestro problema.

Dios mismo ha dado la solución, una salida que satisface su justicia y además nos da su misericordia. Envió a su hijo para que pagara la deuda que teníamos. El Señor Jesucristo estaba calificado para ser nuestro sustituto, porque nunca pecó (2 Co 5.21). tomó voluntariamente nuestro lugar en la cruz y experimentó la ira total del Señor contra nuestra maldad. Al morir por nosotros, Cristo aseguró nuestra salvación pagando la deuda por todos nuestros pecados pasados, presentes y futuros. Cuándo ponemos la fe en Jesús y le entregamos nuestras vidas, él se convierte en nuestro Señor y Salvador personal.

Pero, lamentablemente muchos han escuchado el evangelio y lo han rechazado. algunos son como el joven rico, que puso su confianza en sus posesiones materiales y le dio la espalda a la verdad. Otros se han negado a escuchar siquiera. Otro grupo está convencido de que irán al cielo basados en la errónea confianza en sus buenas obras. Solo quienes han pasado a tener una relación con Jesús mediante la fe en él serán bienvenidos al cielo.

Si usted se pregunta: ¿Cómo puedo tener vida eterna?, solo hay una respuesta: por la fe en Jesucristo (Jn 14.6). Tenemos un enemigo que busca activamente cegar a la gente a la verdad (2 Co 4.4). Oremos para que muchos que están separados del Señor pongan su fe en él y disfruten de vida eterna. Oremos para que muchos que están separados del Señor pongan su fe en él y disfruten de vida eterna.

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