Muchas cosas han cambiado para Elías desde su huida al desierto. Su ansiedad por la obra de Dios ha sido sustituida por una más tranquila y paciente fe de que la voluntad de Dios se hará con o sin él. Elías descansó en Dios y en Su empleo de otro portavoz, inclusive alguien a quien él mismo guió y enseñó del grupo de profetas en Betel y Jericó. Elías se sintió confiado de que la obra de Dios se llevaría a cabo aun después de que él no estuviera en la tierra, y lo haría por medio de su sucesor: Eliseo. Al comenzar a leer Segunda de Reyes capítulo 2, vemos a un Elías que ha peleado la buena batalla, que ha mantenido la fe y está a punto de terminar su carrera. Él recibiría la encomienda de Dios: «Bien hecho, buen siervo y fiel», no con palabras, sino con el impresionante despliegue del poder de Dios. Elías no llegó a ser anciano y murió en la tranquilidad de su vejez. No, él pasó de la tierra al cielo en un gran salto sin ver la muerte.
El pastor Charles R. Swindoll explora el antiguo diario de Salomón: el libro de Eclesiastés, y ofrece algunos nuevos y profundos pensamientos anidados dentro del joven rey, en la búsqueda del placer y la alegría en esta vida.