Un problema surge cuando pensamos que, debido a que el mensaje del evangelio es inmutable, los métodos que la iglesia utiliza para comunicarlo tampoco deben cambiar. La forma en cómo adoramos se ha vuelto tan importante como a quién adoramos. Con el tiempo, hemos terminado defendiendo nuestros puntos de vista obsoletos acerca del ministerio con la misma tenacidad con que defendemos las Escrituras. Vemos a las nuevas ideas con una mirada de sospecha, nos escudamos en los rituales tradicionalistas y nos resguardamos detrás de los muros de concreto de nuestras mentes cerradas. Es en momentos así cuando el cambio se hace indispensable.
El pastor Charles R. Swindoll explora el antiguo diario de Salomón: el libro de Eclesiastés, y ofrece algunos nuevos y profundos pensamientos anidados dentro del joven rey, en la búsqueda del placer y la alegría en esta vida.