Todos los incrédulos que hayan muerto serán resucitados para comparecer ante el gran trono blanco para ser sentenciados a su destino final. No habrá oportunidad de apelación a la sentencia, ni debate sobre culpabilidad o inocencia, ni se ofrecerá clemencia y no habrá posibilidad de escape. El propósito de este juicio no es el de decidir el destino de los incrédulos sino su sentencia. Nuestro destino final no se decide después de la muerte, sino antes.
El pastor Charles R. Swindoll explora el antiguo diario de Salomón: el libro de Eclesiastés, y ofrece algunos nuevos y profundos pensamientos anidados dentro del joven rey, en la búsqueda del placer y la alegría en esta vida.