Abril 7, 2010

Juan 14.1-6 

Debido a que la humanidad está ligada a la tierra hasta la muerte, son comunes las ideas falsas acerca del cielo. Algunas personas lo imaginan como un mundo etéreo de espíritus amorfos que flotan, mientras que otros niegan rotundamente su existencia. Algunas personas han regresado de experiencias cercanas a la muerte, y han descrito lo que vieron. En medio de todas las opiniones confusas y contradictorias, haríamos bien en recordar que nuestra única fuente segura y correcta de información sobre el cielo es la Palabra de Dios.

El Señor Jesús tenía un conocimiento directo del cielo, porque había venido del Padre a la tierra. Poco antes de morir, les dijo a sus discípulos que regresaría a la casa de su Padre a preparar un lugar para ellos, y que volvería después a llevarlos a su nuevo hogar. Varias semanas más tarde, mientras estaba en el monte de los Olivos, los discípulos vieron el cuerpo resucitado de Jesús ascender al cielo (Hch 1.9-11).

Desde ese día, los creyentes han estado esperando el prometido regreso del Señor. Cada uno recibirá un cuerpo inmortal de resurrección semejante al de Cristo. Será físico, visible y reconocible para todos. Incluso seremos capaces de comer (Lc 24.41-43). El cielo es literalmente un lugar para cuerpos físicos, un lugar para vivir, servir a Dios, adorarle y disfrutar de Él para siempre.

Conocer todos los detalles de nuestro hogar celestial es imposible, pero podemos estar seguros de que Jesús cumplirá su promesa de regresar por nosotros. Al entrar a esa morada hecha a nuestra medida, sabremos que finalmente habremos llegado a nuestro hogar, y que por la eternidad jamás podremos estar separados de Dios. Conocer todos los detalles de nuestro hogar celestial es imposible, pero podemos estar seguros de que Jesús cumplirá su promesa de regresar por nosotros.

www.encontacto.org  - www.encontacto.org/meditaciondiaria  -  www.encontacto.org/archivodevocional