Octubre 19, 2010

Juan 15.16 

Ayer vimos la promesa de Dios en Juan 14.14. Con mucha frecuencia la gente cree que este versículo significa: "Si piden lo que sea, lo haré". Pasan por alto la frase más importante: "en mi nombre".

Pedir en el nombre de Cristo tiene dos significados. Primero, los creyentes somos invitados a pedir lo que esté en armonía con el propósito y el plan de Dios. Para ello, tenemos que preguntarle si nuestras oraciones concuerdan con su voluntad. Dios tiene varias maneras de asegurar a sus seguidores que están en el camino correcto. Por ejemplo, puede aumentar los buenos deseos o disminuir los malos. Otra posibilidad es que Él usará su Palabra para redirigir los pasos del cristiano, o para confirmarle que está en el buen camino. Dios siempre hace clara su voluntad a la persona con hambre de conocerlo.

Segundo, invocar el nombre de Cristo significa que deseamos glorificarlo a Él, no a nosotros mismos. Santiago hace esta advertencia: "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites" (Stg 4.3). Para entenderlo, pensemos en quienes están orando para que Dios los saque del abismo de deudas en que están. La pregunta es: ¿Quiere esa persona salir de deudas para tener más para sí misma, o para usar lo que no necesita para hacer cosas que honren a Dios? Dios conoce bien nuestra intención. Él no dará su ayuda hasta que tengamos un corazón recto.

Hay un poder abundante en el nombre de Jesucristo, pero invocarlo en oración no es una palabra mágica para conseguir lo que queremos. Lo que debemos hacer es renunciar a nuestros deseos personales y a nuestra propia manera de lograr las cosas. Así estaremos comprometiéndonos a obedecer a Dios y a darle honra. Lo que debemos hacer es renunciar a nuestros deseos personales y a nuestra propia manera de lograr las cosas. 

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