Noviembre 19, 2010

Juan 5.19, 20 

Dios es llamado por diferentes nombres en la Biblia, y cada uno de ellos arroja luz sobre un aspecto de su naturaleza. El nombre que prefería Jesús para referirse a Dios era el de Padre. Asombrosamente, este nombre en cuanto a Él se usa solo pocas veces en el Antiguo Testamento, ¡pero en el Nuevo Testamento se repite una y otra vez!

Muchos de los nombres de Dios hablan de sus majestuosos y sublimes atributos que lo diferencian del linaje humano, pero el de Padre comunica intimidad. Jesús utilizaba este nombre, no solo porque era el Hijo de Dios, sino también para ayudar a las personas a entender que Jehová no es una Deidad inaccesible que está mirando desde lejos. Por el contrario, es su amoroso Padre celestial que se preocupa por ellas, y que quiere involucrarse en su vida diaria.

Durante su tiempo en la tierra, Cristo mostró con su ejemplo cómo era esta clase de amorosa relación. Dependía cada día por completo de su Padre en cuanto a dirección, ayuda y poder, y cumplió todas sus órdenes dócilmente. Con frecuencia se apartaba de las exigencias del ministerio para buscar un lugar donde estar a solas con Jehová. Sabemos que Jesús transmitió con éxito a sus discípulos las riquezas de esta relación, porque en Juan 14.8 Felipe dice: "Señor, muéstranos al Padre"; quería conocerle lo mismo que lo conocía Cristo.

¿Anhela usted tener esa clase de intimidad con Dios? El Señor quiere relacionarse con usted como un Padre con su hijo, y le ha dado el privilegio de acercarse a Él. De hecho, Él le escogió antes de la fundación del mundo, y espera con los brazos abiertos que usted pueda participar de su abrazo amoroso. ¿Anhela usted tener esa clase de intimidad con Dios? El Señor quiere relacionarse con usted como un Padre con su hijo.

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