La meta final está a la vista. Algún día, pronto, todo creyente comparecerá ante Dios. Él les dirá a los fieles: “Bien, siervo bueno y fiel” (vea Mateo 25:21 LBLA), ¡y será como si estuviera coronándonos con un laurel de victoria, una cinta de primer premio, una medalla de oro!
En ese día Dios no le va a preguntar cuánto trabajo hizo por Él. Él no va a preguntarle cuántas clases de escuela dominical enseñó usted, o cuánto dinero dio para la obra de Dios. Toda esa evidencia de su consagración es necesaria y maravillosa; pero eso no es lo que Dios evaluará cuando llegue el momento en que su tiempo en la tierra llegue a su fin. Él estará buscando su fidelidad. ¿Fue usted fiel en lo que Él le pidió que hiciera?
¿No sería grandioso si la determinación, o buena disposición, o esfuerzo extra, o una actitud positiva fuera todo lo que se necesita para ser fiel? Pero, como usted sabe, se requiere más que eso. Muchas veces cuando tratamos en nuestras propias fuerzas de ser fieles a la Palabra de Dios, muy pronto nos damos cuenta de lo inadecuados que somos. Francamente, ¿cuántas veces se ha sentido listo para tirar la toalla en su trabajo? ¿En la iglesia? ¿En su matrimonio? ¿Con sus hijos?
Este es el secreto: al rendirle el control de su vida al Espíritu Santo, usted descubrirá que la clave para ser fiel es confiar en Aquel que le es fiel a usted.
1. La fidelidad empieza con confianza; que es otra palabra para fe. Es difícil entender lo que la fidelidad abarca sin primero creer que Dios es fiel. Apostamos nuestras vidas en el hecho de que Dios es fiel, que Él es digno de confianza para proveer lo que ha prometido. ¿Necesita un recordatorio de esta dedicación de Dios hacia usted? Lea cualquiera de los siguientes pasajes: Lamentaciones 3:21-25; 2 Tesalonicenses 3:1-3; Hebreos 10:23-25; 1 Juan 1:9.
2. La fidelidad demanda perspectiva. Lo difícil en cuanto a la fidelidad es que es una dedicación diaria. Ráfagas breves de tiempo y esfuerzo se pueden manejar, pero ser digno de confianza a largo plazo exige un vistazo de gran distancia. ¿Recuerda el estímulo de Gálatas 6:9-10? “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe.” Programe algún tiempo durante el día para quedarse quieto, reflexionar, y renovar su dedicación a una vida fiel.
3. La fidelidad exige diligencia. Cuando se trata de la cuestión de fondo, la fidelidad exige perseverancia. Perseverar en la tarea que Dios le ha dado quiere decir que usted se niega a rendirse, por fácil que esto se pudiera racionalizar. Tal vez esa es la motivación detrás de Efesios 6:10 “Busquen su fuerza en el Señor, en su poder irresistible” (VP). Invite al Espíritu de Dios para que le dé la fuerza y determinación para quedarse en el juego.
Si los retos que usted está enfrentando en su vida se han incrementado en dificultad últimamente, anímese al recordar que: Dios define su éxito por la fidelidad que usted ejerce ante las oportunidades y capacidades que Él le ha dado. Adonde Él le guíe, también Él le proveerá de la gracia que usted necesita para seguir. Su deber es ser hallado fiel.
Esta temporada del año no es gozosa para todos. De hecho, honestamente, a muchos les inquieta. Y al encontrarse plagados con memorias melancólicas de días dolorosos, se les hace difícil cantar el villancico de "Noche de Paz".
Muy a menudo en mi caminar cristiano, vienen a mi mente las palabras de Sócrates: “La vida que no se examina no vale la pena vivirla.”
Esa afirmación suena cierta porque con el tiempo las cosas parecen complicarse más. Empezamos nuestra vida cristiana con total deleite y sencillez; pero conforme la tradición, la religión y demasiadas actividades que empiezan a acumularse encima de lo que estaba allí originalmente, la sencillez tiende a desvanecerse.
Nunca nadie predicó otro mensaje más grande que el que Jesús pronunció en una colina de Galilea. Ningún otro humilde mensajero jamás comunicó la vida de la fe sencilla que el carpintero de Nazaret, de 30 y tantos años, convertido en maestro. Veinte siglos no han logrado agotar las profundidades de su sermón. Con precisión y valentía Jesús realizó un tajo quirúrgico tras otro, dejando al descubierto la hipocresía y el legalismo de la religión del primer siglo. Hasta hoy, sus palabras quitan todo el peso excesivo que muchos han añadido a la vida de fe. En toda su grandeza, el Sermón del Monte que pronunció Jesús es una obra maestra de sencillez.
Papá, ¿es posible que usted se haya comprometido demasiado, que esté tan involucrado en su trabajo o en algún proyecto lejos de casa, o entretenimiento, que le está robando el tiempo y energía que le pertenece a su familia? Lo entiendo; créame; lo entiendo. . . .