Octubre 9-10, 2010

2 Corintios 10.3- 5 

Muchos cristianos no se dan cuenta de que están en medio de una batalla. Tenemos un enemigo que nos adversa en todo; su propósito es evitar que lleguemos a ser lo que Dios ha querido que seamos, y lograr lo que Él quisiera que hagamos. El diablo frustra nuestros planes, confunde nuestra mente, y produce sentimientos de ansiedad y desesperanza. Pero no se detiene allí; también provoca divisiones en nuestras relaciones y en las iglesias. Hay varias cosas que los cristianos deben entender acerca de este combate.

La batalla es real, aun cuando no podamos verla. Las dificultades, el dolor y el desaliento que provoca Satanás son auténticos. Sus tentaciones no son imaginarias; nos abruman y nos apartan del Señor con engaños.

La batalla es espiritual. Nuestra lucha no es con otra persona, sino con fuerzas invisibles de maldad. Aunque el conflicto se libra en la esfera espiritual, afecta cada parte de nuestro ser: mente, voluntad, emociones, deseos, e incluso nuestro cuerpo.

La batalla es dura. El adversario pelea sucio, y el enfrentamiento es "íntimo y personal". Nuestra confrontación con las fuerzas del mal es un combate espiritual a brazo partido, como una lucha cuerpo a cuerpo. Él tiene una hueste de seres demoníacos que trabajan sin cesar, incluso cuando dormimos. Mientras estemos en la tierra, la guerra continuará.

Aunque el enemigo es fuerte, no hay razón para temer; no está a la altura de Cristo, quien vive en nosotros. Tenemos el divino poder de Jesús que vence al maligno. No obstante, podemos tener acceso a la autoridad del Hijo de Dios solamente si nos sometemos a su señorío y andamos en obediencia a su Espíritu. Aunque el enemigo es fuerte, no hay razón para temer; no está a la altura de Cristo, quien vive en nosotros. 

www.encontacto.org  - www.encontacto.org/meditaciondiaria  -  www.encontacto.org/archivodevocional