Junio 8, 2010

Proverbios 3.9-10 

La Biblia nos previene acerca de ciertas prácticas que pueden hacer que la persona:

  1. Caiga en el pecado.
  2. Sea dominada por deseos imprudentes.
  3. Se involucre en actividades que destruyen el carácter.
  4. Se sumerja en la ruina moral.
  5. Se extravíe de la fe.
A pesar de estas serias advertencias, muchos viven dominados por el deseo de hacerse ricos.

No hay nada de malo en ser rico, con tal de que se obedezcan las normas de Dios para vivir con sabiduría. Específicamente, debemos honrarle con nuestro dinero (Pr 3.9), reconociendo que Él es el legítimo propietario, y dando con alegría (Sal 50.10; 2 Co 9.7). El deseo de tener riquezas se convierte en pecado cuando la acumulación es nuestra prioridad. En ese caso, el dios al que servimos es el dinero.

Los creyentes deben vivir por gracia en todos los aspectos de su vida, incluyendo el dinero. Eso significa que someteremos a Él nuestros ingresos e inversiones de dinero para hacer obras de bien. Además, aceptaremos que lo que Él nos da es suficiente, aunque la cuenta bancaria parezca pequeña según el criterio del mundo. Él ha prometido suplir nuestras necesidades, y por eso debemos considerar las ganancias y las pérdidas financieras como parte del plan.

No estoy predicando el conocido "evangelio de la prosperidad" que enseña que los piadosos serán recompensados con riquezas. La pobreza y los tiempos difíciles son comunes tanto a creyentes como a no creyentes. Pero la Biblia promete que si vivimos por la gracia de Dios, Él se encargará de proveer para todas nuestras necesidades (2 Co 9.8). No estoy predicando el conocido "evangelio de la prosperidad" que enseña que los piadosos serán recompensados con riquezas.

www.encontacto.org  - www.encontacto.org/meditaciondiaria  -  www.encontacto.org/archivodevocional