Setiembre 3/4

Estorbos a la voluntad de Dios

GÉNESIS 16.1-6  

Vivimos en una cultura acelerada, y acostumbrados a los resultados rápidos. Esperar parece ser cosa del pasado.

No nos sorprende, entonces, que pasemos apuros si Dios no da respuesta a una oración de inmediato. Sin embargo, cuando nos negamos a ser pacientes, nuestra única opción es apartarnos de su plan. El pasaje de hoy dice cómo Abram y Sarai (luego Abraham y Sara) decidieron tomar un asunto en sus propias manos porque no les gustó la agenda del Señor.

Habían pasado diez años desde que Dios les prometió un hijo, y Sara estaba envejeciendo. Así que ella y Abram decidieron dejar que su criada Agar tuviera un hijo para ellos. Sara finalmente dio a luz en su vejez, pero esa impaciencia dio como resultado un gran conflicto —para su familia y para nosotros, hoy. Gran parte de la tensión en el Medio Oriente se remonta a dos pueblos: los descendientes de Agar y los de Sara.

¿Por qué esta pareja eligió el camino de la autosuficiencia? Primero, porque el intenso deseo de Sarai nubló su pensamiento. Quería con desesperación darle un hijo a su esposo, pues era una de las bases del valor de la mujer en esa cultura. Luego, sucumbió a una forma de pensar incorrecta. Después de años sin tener un hijo, empezó a pensar que el Señor necesitaba ayuda. Por último, llevó a Abram a creer este errado razonamiento, y ambos cedieron a la impaciencia.

Estas trampas siguen siendo un peligro hoy. Debido a que somos impacientes por naturaleza, podemos fácilmente justificar una acción. El mejor consejo es escuchar, obedecer y esperar. El tiempo de Dios es perfecto, y no tenemos que perder lo mejor que Él tiene para nosotros.

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