Febrero 3, 2011 ROMANOS 14.7-12 En el Nuevo Testamento, el título de Señor es el más utilizado para referirse a Jesucristo. Y a pesar de que rara vez utilizamos este otro término, jefe, en nuestra vida diaria, todos estamos muy familiarizados con la palabra.

Eso es, básicamente, lo que significa Señor: uno que tiene autoridad, poder y control. La Palabra de Dios describe a Jesús como la cabeza de la iglesia, el soberano de toda la creación, el Señor de señores, y el Rey de reyes (Col 1.15-18; Ap 3.14; 17.14).

La esfera del reinado de Cristo abarca todo lo que sucede en el cielo y en la tierra. Nadie, ni aun quienes niegan su existencia, pueden verse libres de su gobierno o estar fuera de su ámbito de autoridad. Aunque Satanás trata de convencernos de que la libertad se encuentra en hacer lo que queremos, la verdadera libertad solo se adquiere mediante el sometimiento al tierno señorío de Cristo.

Ni siquiera la muerte puede librar a alguien de la autoridad del Hijo de Dios. Él es el Señor tanto de los vivos como de los muertos. Toda persona debe decidir si rendirse al Señor o rebelarse contra Él, pero sólo mientras viva tiene la oportunidad de tomar esta decisión. Después de la muerte, reconocerá el señorío de Cristo al tener que rendir cuentas a Él. Si no dobla su rodilla ante Jesucristo en vida, se verá obligado a doblarla en el día del juicio.

¿Se ha sometido usted al dominio de Cristo sobre su vida? Su autoridad produce ira o temor en las personas que todavía no se han rendido a Él, pero quienes han experimentado su misericordia, confiado en su bondad, y rendido sus vidas a su autoridad, tienen el gozo de conocerle como el Señor de sus vidas. ¿Se ha sometido usted al dominio de Cristo sobre su vida?  

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