Junio 25, 2010

Salmo 34.8-10 

A veces, sentimos que nuestro deseos son necesidades. Al corazón puede consumirlo tanto un deseo, que verlo realizado se siente como vital para el bienestar. Entonces, si Dios no responde a la "necesidad", el resultado es la ira y la frustración.

Los creyentes que siguen esperando, deben responder honestamente una pregunta: "¿Es mi petición esencial para que el propósito de Dios se cumpla, o es sólo para mi disfrute personal?" Más allá de las cosas básicas, como comida y vivienda, las necesidades pueden consistir en consejería para un matrimonio en problemas, o dinero para un viaje misionero. Cuando nos resulta imposible terminar el plan del Señor sin algo específico, entonces sí es una necesidad, y Él responderá si le pedimos que la llene (Fil 4.19).

A Dios también le complace satisfacer los deseos que están dentro de su propósito y voluntad (Sal 37.4). Las cosas que anhelamos dan placer, entretenimiento o sensación de alegría. Muchas son buenas, pero se vuelven problemáticas cuando las consideramos esenciales para nuestros planes. Dios no está obligado a conceder deseos o cumplir ningún plan, salvo los suyos. Pero Él dice que quienes le buscan no carecerán de ningún bien (34.10). Buscar al Señor por sobre todas las cosas significa hacer que nuestros deseos se sujeten a su voluntad. Si nos deleitamos en el Señor (cf. 37.4), Él también moldeará nuestros deseos para un mayor provecho.

El Padre celestial quiere ser el mayor deleite de sus hijos, Aquel en quien se encuentran la satisfacción y el gozo. Cuando eso sucede en la vida de un creyente, éste no necesitará de muchas "cosas", entretenimientos o personas para ser feliz. El gozo está en el Señor. El Padre celestial quiere ser el mayor deleite de sus hijos, Aquel en quien se encuentran la satisfacción y el gozo.

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