Noviembre 24, 2010

Filipenses 4.10-13 

Piense en los momentos que se sintió realmente satisfecho. ¿Qué le hizo sentir así? Para la mayoría de las personas, la sensación de bienestar se produce cuando sus circunstancias son las que ellas quieren, pero no era así con Pablo. Él aprendió a estar contento en todas las circunstancias, buenas o malas.

Haríamos bien en aprender algunas lecciones de él. A fin de cuentas, no podemos evitar todas las situaciones difíciles, pero también podemos descubrir cómo enfrentarlas con un espíritu tranquilo y maduro, no con frustración y ansiedad.

El contentamiento no depende de las circunstancias externas. El cambio de situación puede traer alivio temporal, pero la satisfacción basada en las circunstancias siempre será esporádica y fugaz. Se trata de cómo pensamos, no de qué tenemos.

El contentamiento fluye de una actitud interior. La calma interior del apóstol provenía de una mente puesta en Cristo. Al decidir confiar en el Salvador costara lo que costara, Pablo permitía el Espíritu Santo dentro de él gobernara sus emociones y condicionara sus respuestas.

El contentamiento se aprende con la experiencia. No se puede adquirir de un libro o de un sermón, porque es un proceso que debe ser vivido personalmente. Pablo aprendió el contentamiento sobre la marcha —en las persecuciones, los sufrimientos y las prisiones. El Señor usó todas las dificultades para transformarlo.

Las situaciones que causan frustración, ansiedad e insatisfacción son también los que Dios usa para producir contentamiento en nosotros. Cuando usted esté hastiado de sus quejas, decepciones e insatisfacciones, entonces estará listo para dejar que el Señor le enseñe su nueva manera de vivir. Las situaciones que causan frustración, ansiedad e insatisfacción son también los que Dios usa para producir contentamiento en nosotros.

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