Febrero 2, 2011 MARCOS 16.15-20 Si yo le preguntara a usted cuál es la misión de la iglesia, ¿qué respondería? Aunque la iglesia realiza muchas tareas, su único mensaje para el mundo es el evangelio de Cristo. Todo lo demás que hacemos es simplemente una extensión de ese objetivo principal. El evangelio que ofrecemos a los perdidos es superior a toda filosofía mundana. Nunca caduca ni necesita ser enmendado; siempre es suficiente para satisfacer la mayor necesidad de la humanidad: su reconciliación con el Creador.

Aunque el mensaje es siempre el mismo, los métodos de darlo a conocer son muchos, entre ellos la palabra hablada, la música, los materiales impresos, y los medios electrónicos. Pero todos estos medios de comunicación requieren la participación individual del pueblo de Dios. Cada cristiano tiene la responsabilidad de utilizar sus dones espirituales, talentos y habilidades para ayudar a realizar la Gran Comisión.

Algunos cristianos piensan que este papel ha sido dado solo a pastores, misioneros, u otras personas con un "trabajo ministerial". Pero todos tenemos la responsabilidad de involucrarnos en la forma que podamos y en toda oportunidad que Dios nos dé. No todo el mundo está llamado a ir al extranjero como misionero, pero todos podemos dar, orar y contar a amigos y familiares lo que el Señor ha hecho por nosotros.

Si usted está realmente dedicado a sacar a la luz el evangelio, Dios le revelará el trabajo que Él le está llamando a hacer. El Señor tiene un lugar para cada uno de nosotros; nadie es insignificante o inservible. El factor limitante no es la capacidad del Señor de usarnos, sino nuestra disponibilidad a su llamamiento. El factor limitante no es la capacidad del Señor de usarnos, sino nuestra disponibilidad a su llamamiento.

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