Junio 20, 2010

2 Timoteo 1.3-7  

La palabra "heredar" puede hacernos pensar en bienes y dinero, o incluso en rasgos genéticos y de personalidad. Pero la Biblia habla de algo más que puede transmitirse a la próxima generación; es lo más precioso que tenemos: nuestra fe.

Pablo le escribe a Timoteo acerca de la fe que merece ser transmitida, es decir, la fe basada en la verdad de la Palabra de Dios. Es la convicción de que Dios es quien dice ser, y que hará todo lo que dice que hará. Le dice que la fe sincera de Timoteo no surgió de la nada, sino que era evidente en su historia familiar (v. 5).

Hay muchas maneras de transmitir una rica herencia de fe a la futura generación:

  1. Compartiendo los preceptos de la Biblia. A los niños se les debe enseñar la actitud correcta en cuanto al dinero (Sal 24.1), cómo suplir las necesidades (Fil 4.19), y hallar dirección para la vida (Pr 3.5, 6).
  2. Siendo modelos de un estilo de vida. La manera como vivimos —con transparencia, paz, perseverancia, o con temores, dudas y frustraciones— envía un mensaje muy claro en cuanto a si se puede confiar en Dios.
  3. Sirviendo a Dios con el servicio a los demás. Si ponemos en práctica nuestra fe, mostramos que es real (Stg 2.26).
  4. Orando y alabando. Los hijos no olvidarán las veces que nos escucharon mencionar sus nombres en oración. Y cuando los elogiamos por confiar en el Señor, serán motivados a hacerlo otra vez.
Los padres deben transmitir su fe de manera intencional a sus hijos. Y aun quienes no tengan, gozan de la oportunidad de dejar esta herencia divina a la siguiente generación de creyentes. Pablo formó a nuevos cristianos, como lo haría un padre con sus hijos, y nos exhorta a imitarlo (1 Co 4.14-16). Los padres deben transmitir su fe de manera intencional a sus hijos. Y aun quienes no tengan, gozan de la oportunidad de dejar esta herencia divina a la siguiente generación de creyentes. 

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