Febrero 18, 2011 ISAÍAS 26.2-4 Su casa le ofrece protección. Así que, cuando surja una tormenta, buscará refugio en la seguridad de esas cuatro paredes. El mismo principio se aplica a las tormentas de la vida. Si hemos construido una casa sólida sobre el cimiento de la fe, tenemos entonces refugio hacia donde correr cuando se formen nubes oscuras, y la ansiedad amenace con abrumarnos.

Supongamos que tengo un problema que me inquieta. Tengo un nudo en el estómago. Mis amigos y mi familia tratan de ser comprensivos, pero se están cansando de que descargue mi problema sobre ellos. Estoy tan centrado en el asunto que me hace sentir que llevo una carga sobre mis hombros. Dios ofrece una alternativa liberadora. "Echa sobre [mí] tu carga, y [yo] te [sustentaré]" (Sal 55.22). Él no hace desaparecer los males de nuestra vida, pero sí nos protege del peso de la preocupación al tomar la situación en sus manos.

Sin embargo, el llamado a una vida de paz y libertad será desatendido, a menos que la persona confíe en el Señor. La confianza se construye por medio de una relación con Él: orando en medio de las pruebas y los triunfos de cada día, buscando orientación bíblica para las decisiones, y comprobando que la Palabra de Dios es verdadera y práctica para esta vida. Así es como se construye una casa de fe, ladrillo a ladrillo, sobre la sólida roca de Jesucristo.

El creyente que confía en Dios recibe la paz que promete Filipenses 4.7. Pero la paz inquebrantable no es instantánea; se cultiva mediante una relación constante con el Señor. Un estilo de vida dependiente de Él es la clave para enfrentar las tormentas con una calma sobrenatural. El creyente que confía en Dios recibe la paz que promete Filipenses 4.7.  

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