Junio 11, 2010

Isaiah 41:9-11

La soledad es una de las emociones más dolorosas y temidas del hombre. Muchos consideran insoportable el aislamiento, la desconexión y el abandono, especialmente durante los períodos de crisis. Pablo sabía lo que era sentirse abandonado, y por eso su vida y sus cartas ofrecen aliento para esos momentos tan difíciles. Como vimos ayer, el apóstol era motivado por la presencia de Cristo. Veamos ahora lo que le daba valor.

Primero, Pablo sentía la fortaleza de Dios. Él escribió: "Todo lo puedo en Cristo que me fortalece" (Fil 4.13). A menudo, el Señor permite que lleguemos hasta el final de nuestra capacidad, para que podamos ver su mano. De lo contrario, atribuiríamos el éxito a nuestras acciones. Por ejemplo, el apóstol enfrentaba la posible sentencia de muerte del tribunal, y debió haber sido tentador para él diluir la verdad para salvar su vida. Pero Dios le permitió ser franco en la proclamación, una vez más, del evangelio de Jesucristo —sin temor, con valentía y de manera efectiva.

Segundo, Pablo sabía que estaba haciendo la voluntad de Dios, por lo que no claudicó, ni aun frente a la muerte. En vez de eso, el apóstol tuvo satisfacción, fuerzas y un gozo inmenso, porque fue obediente al llamado hecho a su vida. La realidad de un creyente es más grande que lo que le rodea —más grande que el momento inminente. Por eso, obedecer a Cristo es nuestro objetivo y gozo.

Recuerde, aun en circunstancias dolorosas, tres verdades que son ciertas: Jesús está con nosotros; Él nos fortalece para cualquier tarea que Dios quiera que realicemos; y Él nos permitirá cumplir con su propósito hasta el final. Que estas promesas del Dios vivo le consuelen y alienten. Recuerde, aun en circunstancias dolorosas, tres verdades que son ciertas: Jesús está con nosotros; Él nos fortalece para cualquier tarea que Dios quiera que realicemos.

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