Julio 21, 2010

Efesios 4:30-32 

Cuando les digo a las víctimas de abuso que la sanidad completa requiere perdonar al agresor, muchas no están de acuerdo. Su mensaje es siempre el mismo: "usted no comprende el dolor que he sufrido". Tienen razón. Pero sí sé que un espíritu lleno de rencor penetra cada parte de nuestra vida como un cáncer. La ira y el resentimiento son señales que no pueden ser desplazadas e ignoradas. Se derraman, dañan las relaciones y llevan a tomar decisiones peligrosas.

No tener misericordia nos hace sentir como si estuviéramos castigando a alguien que nos hizo un daño. Pero las personas no pueden vengarse de las demás sin destruirse a sí mismas. Por eso, el Señor nos llama a seguir su ejemplo de extender misericordia a todos (ef 4.32). nadie puede justificar el no perdonar cuando Dios nos ha perdonado con tanta generosidad. Si bien, un agresor no merece perdón, tampoco nosotros somos dignos del sacrificio de Jesucristo en la cruz.

La cruz era un instrumento de tortura. La muerte era lenta y muy dolorosa, pero al menos el dolor físico era temporal. El peor tormento de Jesús comenzó cuando, por haber tomado sobre sí mismo nuestros pecados, fue rechazado por Dios y separado de la comunión y el amor perfectos de él. Puede ser que yo no conozca el dolor que usted siente, pero le aseguro que Jesús sí lo conoce. él le ayudará a vencer las heridas, la ira y el rencor si usted decide perdonar.

El perdón es una elección, un acto de servicio al Señor, y un testimonio a la persona que nos causó dolor. No importa lo terrible que hayan sido las acciones cometidas, Dios exige que mostremos misericordia por nuestro bien y para la gloria de él. El perdón es una elección, un acto de servicio al Señor, y un testimonio a la persona que nos causó dolor.

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