Junio 17, 2010

Romanos 8.38, 39 

Nuestro Padre celestial quiere que sepamos cuánto nos ama y cuida de nosotros. Él lo ha dejado claro por medio de la:

  • Revelación de sí mismo. Por la Biblia sabemos que el Creador nos hizo a su imagen, y que tiene un propósito para nuestra vida. También descubrimos que el pecado nos ha separado del Señor, pero Él tiene una solución a nuestro problema.
  • Provisión de un Salvador. Estábamos cautivos por nuestra naturaleza pecaminosa, e incapaz de librarnos. Eso nos dejaba indefensos y perdidos, como ovejas sin pastor (Mt 9.36). Peor aun, estábamos bajo la pena de la muerte eterna, la separación eterna de Dios. Por el gran amor de nuestro Padre a la humanidad, envió a su Hijo unigénito para cargar con el castigo que merecíamos (Ro 6.23), y para darnos la vida eterna. Jesús nos rescató de la esclavitud del pecado, y nos reconcilió con el Padre. Lo que jamás podíamos hacer por nosotros mismos, Él lo hizo por nosotros. Aunque su provisión es gratuita para usted y para mí, el costo fue muy alto.
  • Adopción de los creyentes. Cuando ponemos nuestra fe en Jesucristo como nuestro Salvador, nos convertimos en hijos de Dios. La separación entre Él y nosotros desaparece; ya no somos sus enemigos, sino su familia. La presencia interior del Espíritu Santo es evidencia de que pertenecemos a Dios, y testimonio de su amor eterno.
El cuidado del Padre por nosotros brilla por medio de la cruz; fue por amor que envió a Jesús a la tierra para morir en nuestro lugar (1 Jn 4.9, 10). Una vez que aceptamos el regalo de la salvación en Cristo, nada puede separarnos del amor de Dios. ¡Qué gran consuelo en nuestra necesidad! El cuidado del Padre por nosotros brilla por medio de la cruz; fue por amor que envió a Jesús a la tierra para morir en nuestro lugar.

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