La frontera es a menudo un lugar olvidado y marginado, tanto en lo social y político, como en lo económico. Es un lugar alejado de las grandes ciudades con sus centros culturales y económicos y, por tanto, un poco despreciado. Pero Jesús no desprecia ni le tiene miedo a la frontera. Al contrario, va a ella, llevando consigo el Reino de Dios.
Lucas 17: 11-19