La vida está llena de tiempos de transición. Cada una lleva consigo temores, angustias, tristezas, etc.; están los estudiantes de primaria a secundaria, de secundaria a universidad. Hay muchas cosas desconocidas, ambiente estudiantil, de amigos a métodos de estudio; luego vienen otros desafíos, el campo laboral, responsabilidades económicas, sociales, familia, hijos, y la lista sigue. Esto explica, de alguna manera, nuestra vida. Buscamos prepararnos de la mejor manera posible para la próxima transición, en el proceso muchos olvidan la realidad de una transición final, la preparación a una vida eterna. Personalmente creo que la preparación a ésta envuelve toda la vida, es la más importante de todas. Jesucristo vino a asegurarnos esta transición al decir: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” –Juan 14:1,2
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