La palabra clave de la Segunda Epístola a Timoteo es “avergonzado”. Uno no debe avergonzarse del Señor, de Su Evangelio o de Sus santos que sufren. Y un obrero debe ser diligente, de manera que no necesite avergonzarse cuando maneje la Palabra de Dios. Si tal es el caso, el Señor no se avergonzará de reconocerle como Suyo.
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