La festividad judía de la Pascua (pesach, en hebreo) conmemora un hecho central de la historia del pueblo judío: cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y fue libertado de la esclavitud. Fue en esa ocasión, hace unos tres mil años, cuando se formó la identidad judía nacional, y fue a partir de este hecho histórico que se formularon algunos de los principios más importantes de la fe judía.
Unos de esos principios primordiales es el conocimiento de que Dios no es un poder misterioso y distante que no se interesa por la creación. Para el pueblo judío la Pascua confirma que Dios está presente en la vida humana, que Él escucha el clamor de su pueblo y que interviene en la historia para libertar y redimir a su pueblo de la aflicción y la esclavitud.
El contar otra vez la historia del éxodo y volver a vivir de manera simbólica lo que ocurrió en aquel entonces tienen el propósito de hacernos sentir que nosotros también acabamos de ser libertados de la opresión. El judaísmo enseña que el acto de liberación de parte de Dios no fue un hecho que ocurrió solo una vez, sino que es algo que se repite continuamente. Como lo dice el Haggadah (el relato del éxodo que se lee en la cena de la Pascua): «Dios no solo redimió a nuestros antepasados, sino también a nosotros».
Hoy día, más y más cristianos quieren saber más acerca de la Pascua, porque desean entender mejor las raíces judaicas de su fe y la naturaleza judía de Jesús. Ciertamente, a ambos grupos los unen los lazos del sufrimiento y el gozo, la muerte y la resurrección; y los cristianos, al igual que los judíos, saben que la luz viene después de la oscuridad y la redención después de la opresión.
Es mi oración que todos nos tomemos el tiempo para meditar en la historia de un pueblo que fue libertado de la esclavitud por un Dios que se interesa profundamente en la humanidad e interviene en la historia para cumplir sus propósitos. Y cuando estemos leyendo este histórico relato, pidamos que se nos dé entendimiento para comprender cómo la gracia de Dios opera también en nuestras vidas para redimirnos.
Rabino Yechiel Eckstein
Fue una conversación muy breve, una de la que yo no me acordaba. Pero mi hija mayor no la había olvidado. Todo ocurrió el día que la llevé a la universidad, el primer día de clases del semestre que empezaba. Le recordé que ya ella tenía 18 años, que podía valerse por sí misma y que empezaba un capítulo nuevo de su vida. Le dije que no olvidara nunca lo que los bisabuelos de ella tuvieron que hacer para llegar a este país y dar a su hijo —o sea, mi papá y el abuelo de ella— la oportunidad de una buena educación.
La festividad judía de las Semanas (Shavuot, en hebreo ) tiene varios temas. Esta festividad se celebra el sexto día del mes de Sivan del calendario judío. Es de mucha importancia porque en ella se conmemora el día en que Dios entregó la Tora a Moisés y al pueblo judío en el monte Sinaí. Los judíos de todo el mundo recuerdan con gran alegría y agradecimiento ese hecho histórico.
¿Qué consideraría usted un milagro en su vida? ¿Que sus hijos obtengan notas excelentes en los estudios? ¿Encontrar trabajo? ¿Que le den el puesto que tanto anhela?