¿Qué consideraría usted un milagro en su vida? ¿Que sus hijos obtengan notas excelentes en los estudios? ¿Encontrar trabajo? ¿Que le den el puesto que tanto anhela?
Yo creo que si nos tomamos el tiempo para observar, veremos que Dios hace milagros todos los días. En el nacimiento de un niño vemos el milagro de una nueva vida. Las cartas que nos llegan de muchos colaboradores nos cuentan cómo Dios les dio lo que necesitaban en el momento preciso y cómo intervino en sus vidas: les llegó un cheque que no esperaban, un ser querido que se recuperó de una enfermedad grave, la reconciliación de una amistad perdida.
Para mí, el mayor milagro que todos hemos visto en nuestros tiempos es el nacimiento del Estado de Israel (que el pueblo judío celebró la semana pasada) y que el pueblo de Dios ha estado volviendo a su patria bíblica de todas partes del mundo. Hay aquellos que ven estos hechos como algo extraordinario, pero los atribuyen principalmente al espíritu indómito, a la preparación y a la perseverancia del ser humano.
Es cierto que el hombre ha cumplido un papel importante en todo esto, pero debemos recordar las palabras de Moisés: «Porque Jehová, vuestro Dios, va con vosotros, para pelear por vosotros contra vuestros enemigos, para salvaros» (Deuteronomio 20:4). A lo largo de la historia de Israel, podemos ver que Dios ha intervenido para liberar a su pueblo. Es más, el hecho de que el pueblo judío ha sobrevivido siglos de persecución es prueba de que Dios actúa en la historia humana, que se interesa por el rumbo que esta sigue y que se preocupa mucho por el bienestar de sus hijos.
El milagro que constituye el pueblo de Israel debería infundirnos valor y servir para recordarnos que el Señor se interesa por nuestras vidas y que actúa a favor de nosotros. El salmista lo dice muy bien: «Señor, ninguno hay como tú entre los dioses ni obras que igualen tus obras» (Salmo 86:8). Esta semana, tomémonos el tiempo para considerar los milagros de Dios que vemos en nuestro alrededor y para ofrecerle acción de gracias por todo lo que ha hecho y hace por nosotros.
Rabino Yechiel Eckstein
Fue una conversación muy breve, una de la que yo no me acordaba. Pero mi hija mayor no la había olvidado. Todo ocurrió el día que la llevé a la universidad, el primer día de clases del semestre que empezaba. Le recordé que ya ella tenía 18 años, que podía valerse por sí misma y que empezaba un capítulo nuevo de su vida. Le dije que no olvidara nunca lo que los bisabuelos de ella tuvieron que hacer para llegar a este país y dar a su hijo —o sea, mi papá y el abuelo de ella— la oportunidad de una buena educación.
La festividad judía de las Semanas (Shavuot, en hebreo ) tiene varios temas. Esta festividad se celebra el sexto día del mes de Sivan del calendario judío. Es de mucha importancia porque en ella se conmemora el día en que Dios entregó la Tora a Moisés y al pueblo judío en el monte Sinaí. Los judíos de todo el mundo recuerdan con gran alegría y agradecimiento ese hecho histórico.
La festividad judía de la Pascua (pesach, en hebreo) conmemora un hecho central de la historia del pueblo judío: cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y fue libertado de la esclavitud. Fue en esa ocasión, hace unos tres mil años, cuando se formó la identidad judía nacional, y fue a partir de este hecho histórico que se formularon algunos de los principios más importantes de la fe judía.