La festividad judía de las Semanas (Shavuot, en hebreo ) tiene varios temas. Esta festividad se celebra el sexto día del mes de Sivan del calendario judío. Es de mucha importancia porque en ella se conmemora el día en que Dios entregó la Tora a Moisés y al pueblo judío en el monte Sinaí. Los judíos de todo el mundo recuerdan con gran alegría y agradecimiento ese hecho histórico.
Es fácil ver por qué los judíos llaman esta festividad «el tiempo en que la Tora nos fue dada». Pero se conoce por otros nombres, cada uno de los cuales arroja luz en los temas que representa. Se le conoce comúnmente como la festividad de las Semanas, puesto que se celebra siete semanas completas después de la festividad de la Pascua (ver Deuteronomio 16:10). Se le conoce también por Pentecostés, que significa «cincuenta» en griego, ya que cae en el día 50 después de la Pascua. La celebración de esta festividad cincuenta días después de Pentecostés está basada en un cálculo tomado del capítulo 19 de Éxodo, en el que se indica que la revelación en el monte Sinaí fue exactamente cincuenta días después de la salida de Egipto.
En los días del templo, esta era una festividad agrícola muy importante. Se le conoce también por la festividad de las Primicias, ya que los primeros frutos del año se llevaban al templo ese mismo día; también la festividad de la Cosecha, porque en ella se celebra el tiempo de la cosecha y la ofrenda de dos panes hechos con la primera cosecha de trigo que había que llevar al templo.
En la antigüedad, se traían diariamente al templo gavillas de cebada, a partir de la Pascua y hasta Pentecostés, que era el comienzo de la temporada de la cosecha cincuenta días después. Los agricultores de aquel entonces contaban con gran emoción y anticipación los días desde la Pascua hasta la festividad de la cosecha de Pentecostés. Cuando por fin llegaba, traían sus «primicias» de la cosecha de trigo al templo de Jerusalén con gran pompa y solemnidad. Se regocijaban delante de Dios y le daban gracias por sus bendiciones materiales.
Hoy día, para representar el gozo y la anticipación que los agricultores vivieron en el tiempo de la cosecha, unimos la festividad de la Pascua en la primavera con la festividad agrícola de las Semanas en el verano. De manera semejante, contamos con gozo los días que van desde la Pascua, cuando fuimos redimidos de la esclavitud, hasta la festividad de las Semanas, cuando se nos entregó la Tora. En este día especial nos concentramos en mostrar nuestro amor hacia Dios, nuestro agradecimiento por la Tora y nuestra devoción a la Palabra de Dios.
Fue una conversación muy breve, una de la que yo no me acordaba. Pero mi hija mayor no la había olvidado. Todo ocurrió el día que la llevé a la universidad, el primer día de clases del semestre que empezaba. Le recordé que ya ella tenía 18 años, que podía valerse por sí misma y que empezaba un capítulo nuevo de su vida. Le dije que no olvidara nunca lo que los bisabuelos de ella tuvieron que hacer para llegar a este país y dar a su hijo —o sea, mi papá y el abuelo de ella— la oportunidad de una buena educación.
¿Qué consideraría usted un milagro en su vida? ¿Que sus hijos obtengan notas excelentes en los estudios? ¿Encontrar trabajo? ¿Que le den el puesto que tanto anhela?
La festividad judía de la Pascua (pesach, en hebreo) conmemora un hecho central de la historia del pueblo judío: cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y fue libertado de la esclavitud. Fue en esa ocasión, hace unos tres mil años, cuando se formó la identidad judía nacional, y fue a partir de este hecho histórico que se formularon algunos de los principios más importantes de la fe judía.