La fe no se debilita ni pierde su frescura en sí; sin embargo, podemos “sentir” que nuestra fe haya perdido cierta realidad por nuestro estado de ánimo, circunstancias que vivimos o por no haber recibido respuesta a peticiones hechas a Dios, y por una o todas estas posibilidades hemos perdido el entusiasmo y todo lo que hemos hecho no produjeron el resultado que esperábamos. Su fe, la fe verdadera, es siempre fresca, ella viene de Dios, y lo que viene de Dios tiene vida.
Nuestra participación en mantenerla fresca es mantenernos creyendo en la realidad de Dios que nos ama y nos sostiene, aun en tiempos de aparente sequía.
Ayude a nuestro programa de Radio Nuevo Día a llegar a personas de habla hispana en los Estados Unidos y Latinoamérica a través de misiones en radio. Puede donar a nuestro ministerio aquí.