Dios habló en el pasado y habla en el presente; sus palabras son vigentes en todo tiempo. En la carta a los Hebreos leemos que en el pasado Dios habló por medio de los profetas, pero hoy nos habla por su Hijo. Su palabra está relacionada con la necesidad del hombre y la provisión de salvación y esperanza que hay por medio de El. El consejo del salmista es: “si oyeres hoy su voz, no endurezcas tu corazón.”
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