En el libro de los Salmos encontramos repetidamente la invitación a adorar a Dios, como también el imperativo a hacerlo, por ejemplo en el Salmo 95:6 “Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor.” El Salmo 96:3 “Proclamad entre las naciones su gloria, en todos los pueblos sus maravillas.” Adorar y declarar la gloria de Dios es el privilegio de cada persona que lleva Su imagen dentro de sí.
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