Dios restauró el alma y el reino del rey David, aun cuando este había fallado moral y espiritualmente. Pero la bendición de experimentar el perdón y la restauración de Dios solo vino cuando David anduvo por las sendas de justicia al confesar su pecado, arrepentirse y consagrarse a seguir el camino del Señor. Como David, todos tenemos un problema con la culpa. La solución de Dios a nuestro problema de culpa es Su perdón.
Entre muchas de las duras realidades que los Latinoamericanos enfrentan se incluyen la realidad áspera que la pobreza, la violencia consecuencia del comercio de narcóticos, la carencia de educación y la desintegración de las familias y solo se curan con el amor sanador de Cristo; como aquellos que una vez estuvieron perdidos y ahora son nutridos espiritualmente con el cuidado humanitario que solo se encuentra en una iglesia.