23 de abril
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.
Juan 6:44
Jesucristo es el que presenta a los hombres y a las mujeres a Dios. Aquellos a quienes Él lleva a la presencia del Padre todos tienen repugnancia de su pecado, deseo de ser perdonados y anhelo de conocer a Dios. Esas actitudes son la obra de Dios al llevarnos a Cristo. De modo que una respuesta al mensaje del evangelio comienza con un cambio de actitud hacia el pecado y hacia Dios.
Más allá de ese cambio inicial en la actitud está la transformación efectuada en cada creyente en el momento de la salvación. Cristo no murió solamente para pagar el castigo del pecad murió para transformarnos.
Abandonado por casi todos sus discípulos, Cristo sufría en las tinieblas y la agonía de la cruz mientras clamaba: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" (Mt. 27:46). Esos fueron momentos en los que Jesús sintió gran rechazo y hostilidad. Pero por esas mismas circunstancias Cristo triunfó al expiar por el pecado y proporcionar una manera de que hombres y mujeres sean presentados a Dios y transformados. Era un triunfo que Él mismo pronto proclamaría (1 P. 3:19-20).
¿Qué sucede si alguien le dice que necesita reducir su tiempo de oración? Usted puede decir que es un mal maestro; pero considere lo siguiente: la oración puede ser una pérdida de tiempo si usted no comprende su propósito.
La pregunta es: “¿Cuál es el propósito de la oración? ¿Es posible orar de una manera errónea? ¿Cuáles son las características importantes de una vida de oración poderosa y con propósito que Cristo mismo quiere que pongamos en práctica?”
"El Propósito de la Oración" examina, frase por frase, la oración modelo de Cristo en Mateo 6:9-15