En verdad, el Evangelio de Cristo es la gran fuerza unificadora entre la humanidad. No conoce límites de nacionalidad, de posición social, ni de sexo. Destruye las divisiones que haya entre un hombre y su hermano. Algunos se apresurarán a señalar que hay en efecto divisiones entre los cristianos. Eso es cierto, pero todas las divisiones entre los cristianos genuinos han sido levantadas por los hombres — no por Dios.
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